Spotify

Mostrando entradas con la etiqueta lundërtar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lundërtar. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de junio de 2014

Háblame.


Ojalá pudrieras responderme y aclararme todo. Te sigo soñando y no logró sacarme de la cabeza tu recuerdo. 

En mis sueños siempre hay una puerta. Un portal. Tu, mi apreciado navegante, vistes tu tan típico sombrero elegante y las ropas doradas que te identifican entre cientos de tardes soleadas. Siempre estás en la puerta, esperando. Y cuando llego a ella... Es como sí la tierra me anclara como a uno de tus barcos de estrellas y me impidiera llegar hasta ti. Trato, con mucha furza, alcanzarte y tocar la reja que custodias. Un manto de nieve me cubre de la cintura para abajo y tu sigues inmutado tras esa puerta de Barros negros y finos. Sólo tu sonrisa (no se sí burlona o alentadora) me devuelve a la pica realidad que me queda. 

¿Por qué no solo me dices lo que me tengas qu decir? ¿Por qué las olas del mar que navegas me tratan de ahogar con cada recuerdo de tu mirada gris? 

Me esta consumiendo la incertidumbre y mis pensamientos deambulan entre jardines marchitos.

Si les esto, sólo una cosa te pido: háblame y desvanece la niebla en mi mente...

jueves, 5 de junio de 2014

Apareces en mis sueños.



Te he estado soñando, marinero del espacio,
y en mis sueños siempre sucede algo distinto.
Una vez fue una despedida, otra fue una bienvenida.
Ayer te soñé en un ambiente tan mundano y cotidiano,
estabas tu frente a mi y un salón escolar nos rodeaba.
Platicabas conmigo de algo que no recuerdo,
pero también me veías con una mirada seria y vacía, eso si que lo recuerdo.
Me contabas algo relevante, algo que debí haber conservado,
pero mi mente divagante me hizo olvidar aquella cosa relevante.
Al menos una cosa si recuerdo con claridad, y fueron tus ojos que albergaban un mar tempestuoso.
Eran tan grises y opacos como niebla temprana en el océano.
No se que tormenta guardabas en ellos y tampoco si esa tormenta era para mi,
o si esa tormenta era yo...
Rayos, nubes grises y el mar agitado se acunaban en tus ojos vacíos.
Te soñé y no se como descifrar ese sueño.
Advertencia. Llamado. Recuerdo. Echar de menos....
Sueño contigo y eso me dice dos cosas: o me estas llamando o me estas evitando.

Y el problema es que ambas son tan distintas y similares a la vez en mi cabeza.

viernes, 23 de mayo de 2014

La luna, un bote y el mar.


El cielo estaba gris cuando zarpé aquella tarde.
Anunciaba una noche nublada y tempestuosa.
El mar estaba agitado y las olas golpeaban el casco de mi barcaza.
Mi amigo el capitán se había perdido en un sueño.
No pude esperar por el, pues desconocía donde se encontraba,
y contra mi propia voluntad, me adentre a las fieras aguas del mar
y comencé a navegar.

El viento golpeaba contra las velas y el mástil parecía querer ceder ante su fuerza,
el timón se retorcía bajo mis dedos 
y una lucha desenfrenada contra la naturaleza y mi fuerza
se estaba dando en silencio.

No soy marinero, apenas sobreviví a tal enfrentamiento
y mi amigo el capitán, el navegante aventurero,
simplemente no estaba para animarme. 

Es curioso ese sentimiento de vacío que se siente a veces,
cuando parece que algo falta en tu entorno.
Es como si pensaras que aquello que te falta esta ahí,
a tu lado o en donde debiera estar,
pero al mirar en la dirección que tu mente te indica,
ves la realidad y aquello que deseabas estuviera ahí,
simplemente es un recuerdo abstracto.
Una mala jugada de la mente y del destino.

La tarde se fue como un susurro violeta y rojo tras el velo gris
y el fuerte viento arrastró consigo las nubes tristes.
El cielo quedó despejado y la noche se presentó con su manto negro.
La luna brillaba como un ojo frío y blanco en el cielo
y me observaba sin cesar.
Me seguía en mi travesía hacia la tierra de los secretos.

Pero dentro de mi anhelo por alcanzar las playas de la verdad,
el recuerdo de mi amigo y compañero de aventuras regresó.
La realidad de todo esto, es que nunca supe con exactitud cual fue el motivo de su partida.
Muchas veces creí que fue una ofensa a su persona,
pero lo negó.
Otras veces creí que era por falta de tiempo,
pero tampoco me lo rectificó.

El tiempo es relativo...

Pero en la distancia divise algo que me hizo olvidar mi pena:
una chispa blanca como una perla y brillando como un diamante,
se alzaba sobre los cielos.
ERA HERMOSO.
Aquella luz distante me llamaba y yo me sentía atraído hacia ella.
Cuando la alcancé, me sentí reconfortado.
Mi viaje ya no sería tan solitario, pues aquella luz,
aquella estrella me acompañaría en esta travesía.

Pero aún así. 
Aún sabiendo que ella estaría a mi lado de muchas formas,
el recuerdo de mi amigo me ensombrecía el semblante,
y una nube de tristeza me opacaba la mirada.
Salinas gotas recorrían mis mejillas en ocasiones
o recuerdos de antaño me hacían reír.
Las emociones eran tantas y tan variadas,
pero siempre prevalecían aquellos recuerdos latentes
y una tristeza desolada los acompañaba como el frío al invierno.

Mi viaje aún continua, 
voy navegando un mar de ilusiones en un bote de deseos
y la luna de una noche estrellada, me ilumina el sendero.
Mi estrella amada me acompaña en este viaje,
mientras en algún lugar lejano o tal vez cercano,
se encuentra mi amigo el navegante.
Solo espero poder verlo dibujado en las estrellas un día,
en la constelación de los peces
o en Camelopardalis,
sonriente y feliz.

martes, 8 de abril de 2014

Mi roca.



¿Hacía dónde van a volar mis ilusiones cuando venga la noche?
¿Por que no puedo despertar de mis pesadillas cuando la mañana llega?
Me abandona la esperanza cada vez que recuerdo tu reflejo...

Reflejo...

Solíamos ser como dos gotas de agua.
Me abruma el sentimiento y me nubla la mirada el recuerdo,
¿Qué me pasó?
¿Qué te pasó?
¿Qué nos pasó en ese viaje hacia el universo?

Juramentos quebrantados,
promesas que se vuelven cenizas a los pies de un querubín.
Una vacío inmenso se interpone ahora entre nuestras almas.
¿Es acaso eso que brilla una chispa de fe?

¿Por qué me quedo callado ante tu presencia?
Es absurdo, lo se, pero me quedo callado.
No se qué decirte cuando te veo o como hablarte tras el espejo.
Te veo tan diferente, yo me veo tan alejado detrás del cristal.
¿O es que simplemente yo he cambiado y en ti veo mi diferencia reflejada?
¿O es que simplemente tu te has alejado y mi reflejo es el que se pierde en el horizonte?

Dime una cosa: ¿tus palabras fueron la verdad?

Me duelen. Duelen como agujas traspasando la piel,
como el filo de los cuchillos rebanando la carne viva de las manos,
es como sentir el frío invernal congelando los huesos,
la sangre no fluye, mi sangre se detiene y mi corazón se paraliza...
¿Esa fue la verdad?

Creo que en el fondo me llegaste a conocer, Navegante,
creo que en fondo fuiste quien me vio tal cual era.
Creo que me has visto el alma, pero la has olvidado.
En tu viaje por el universo, tu ruta por las estrellas,
me has olvidado.

Has zarpado hacia un océano infinito y te has maravillado en él,
y me alegra saberlo, pues yo igual me siento maravillado por él.
Un océano lleno de misterios, lleno de maravillas y de luz,
me han dicho las estrellas que te va bien, me cuentan los cometas
que tus aventuras han sido sorprendentes. Haz luchado con piratas
y has ganado, has visto sirenas y al menos de una te has enamorado,
te has adueñado de ese mar galáctico y en él has vivido,
y me siento feliz, mas que nada por ti, pues de alguna forma
has logrado vivir.

Te he visto crecer tras mi espejo,
te visto enfrentar tus miedos y superar tus temores,
te he visto pensar, reír, soñar, vivir...
Y he visto tus derrotas, he visto las lagrimas correr por tus mejillas,
he sentido el pulsar de tu sangre al tomarte de la mano.
Me he aferrado a ti cuando la tormenta ha venido sin control...

Pero ahora me siento desprotegido. Sin un ancla a la cual aferrarme,
me siento suelto, a la intemperie y mi luz se pierde entre un torbellino de emociones,
que pocas veces son blancas, y la obscuridad tiende a rodearme cuando eso sucede.
Me vuelvo parte del entorno y me escondo en la coraza de mi propio ser.
Me fundo con las estrellas y me oculto tras la capa negra de la noche.

Creo que he dicho mucho, aunque me falten ciclos para poder expresar mi alma,
creo que hoy te he recordado mucho, te he visto tras mi espejo de nuevo,
esta vez, estabas un poco más cerca.


♒ ♋ ♒

viernes, 28 de marzo de 2014

Te añoro.



Repugnante sentimiento: el desear algo.


¿Por qué diablos no simplemente te puedo dejar de pensar?

Las promesas son como diálogos huecos en mi mente.
Me dicen las voces en mi cabeza: es mentira, nunca lo hará. 
Pero a la vez, mi corazón grita: ten fe.

Te llamo: no contestas.
Te envío textos: no respondes.
Te busco: desapareces.
Te espero: nunca llegas.

Añoranza: Nostalgia o sentimiento de pena que produce la ausencia, privación o pérdida de una persona o cosa muy querida.

Añoro tenerte de vuelta.

Espero en las costas del universo, 
bajo la brisa de las estrellas.
Veo el horizonte galáctico cada vez que los ciclos terminan,
y cada vez que los ciclos vuelven a iniciar.

Te espero, con aquella caña de pescar
que prometiste usar un día conmigo.
Una caña de pescar, para capturar cometas.

Nostalgia... me haces sentir eso cuando te recuerdo.
Tu ausencia me hace sentir pena, un dolor mudo y profundo.

Esperé dos lunas a tu llamado,
a que tu barco arribara, pero no llego.

Sigues navegando en la lejanía.
Ojalá un día regreses...

jueves, 27 de marzo de 2014

Anhelo.



Anhelo:
- hablar contigo.
Anhelo:
- escucharte.
Anhelo:
- volverte a ver.
Anhelo:
- reír.
Anhelo:
- tu compañía.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Camelopardalis.


Hoy les contaré algo que me sucedió hace 7 años.

Iba en una de esas rutinarias salidas nocturnas que suelo realizar con placer,
transitaba la vía láctea de extremo a extremo, sobre un cometa azul.
En ese entonces las estrellas eran menos brillantes, muy tenues,
como susurros de luz en medio de la tempestad...

Mi cometa azul surcaba los mares de polvo estelar,
hacía olas brillantes a su paso y chorros de polvo luminoso
mojaban secamente los planetas misteriosos.

A lo lejos se veían los soles ardientes, como antorchas vivas
en mitad de la nada. Faros de fuego incandescente.
La vía de leche mágica, me guiaba a través de la galaxia
en un camino de luz inmensa y brisa helada.

Lo recuerdo bien, esa noche vi una luna dorada y un sol plateado,
habían estrellas moradas y planetas moteados.
Unos seres, amigos míos, los cuales no puedo pronunciar sus nombres,
pero que son bellos y tienen alas en las espaldas.
Guardianes de los cazadores y los navegantes.

En la distancia, algo llamó mi atención:
brillaban unos puntos en la oscuridad, asimilaban a los diamantes
pulidos con su brillo cegador.
Había un hombre junto a ellas, era joven y navegaba un barco.
El joven hombre dibujaba con un pincel empapado de
polvo estelar, los puntos que se formaban en la distancia.

Dirigí mi cometa hacia ese lugar y la trayectoria fue corta
a pesar de que era larga, pues mi cometa azul corrió a gran velocidad
y una estela de hielo y cristales y luz
iba quedando a su paso.

El joven hombre continuaba pintando,
su pincel forma círculos aquí y allá,
los dispersaba entre la inmensidad del universo y los puntos,
por misterioso que parezca,
iban tomando una forma definida.

Uno aquí, otro allá,
uno abajo y otro arriba.
A su izquierda dos y a su derecha cuatro
y uniéndolos con lineas precisas
y marcas definidas,
las estrellas se fueron juntando
y cobraron vida.

Formaban un animal de un planeta vivo,
un planeta que conocía y al cual en varias vidas había visitado.
Formaban una criatura de cuello largo y patas delgadas,
con gracia en sus caminar y elegancia en su andar.

Camelopardalis.

Así la llamó. Una constelación que vivía entre las estrellas dormidas.

Camelopardalis.

El joven me vio y yo lo vi a él.
Me regaló una sonrisa amable y yo le correspondí con otro.
Me acerqué hasta su caballete invisible y lo salude.
Platicamos sobre su creación y comenzamos a conocerlos.
Hace siete años, conocí a un navegante en medio del universo,
quien se aventuraba en su barco de cristal
por los océanos de galaxias.

Hace siete años, uno de mis complementos apareció en el universo,
pintando constelaciones y estrellas en las galaxias.

Hoy se conmemora parte de ese encuentro,
pues aquel joven hombre celebra sus primaveras.
Hoy, hace veintidós años, 
Camelopardalis nació en el cielo,
para iluminar el camino de los navegantes de esta tierra
e inspirar a los poetas enamorados,
una constelación que nos vigila y nos protege
de las amenazas de un universo peligroso.

Felicidades, Camelopardalis.




lunes, 2 de diciembre de 2013

No vuelvo hacia el portal.



A pesar de todo este remolino de pensamientos,
no vuelvo hacia el portal.
No es precisamente porque eso me de miedo, no,
es mas que nada lo que él representa:
una tela de recuerdos y viejos deseos.

Es un maremoto de pesada melancolía,
y no quiero volver a estúpida agonía. 

Bueno, es que es difícil de explicar,
pues siento que si lo expreso, 
ustedes van a tender a juzgar,
y eso si es algo que no deseo,
no es algo que solo digo y veo...

Pero como sea, no es tan importante,
el tema, la historia... el punto en si de este pensamiento
constante,
lo realmente relevante, es que me he distanciado,
me he perdido e incluso apartado...

Pero no dejemos esto solo en un particular,
ha sido acto de dos, algo más bien plural.

Si, la distancia, la que se ese portal guarda,
y de la cuál, pues si, tengo miedo,
no un miedo terrorífico o paralizante,
es más bien un miedo relevante...

Si, repito mucha la palabra "relevante"...

Pero, es que si lo es:
para mi, de cierta forma lo es, 
pero es mejor no darle esa importancia;
como dije, esto es de dos, un dueto,
algo que por ahora, no esta completo.

El caso es que no quiero regresar, por ahora, al portal.

Prefiero permanecer en este plano,
mientras dura mi soledad, felicidad,
y mis palabras y deseos en vano...

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Te extraño reflejo.



Se que lo he dicho ya varias veces.
También sé que lo has leído, ya, varias veces.

Pero es algo que siento,
algo que no puedo simplemente suprimir
de mi mente y de mi cuerpo,
no es tan fácil como evitar  caer en llanto,
o quebrarse ante el pesado lamento.

No. No lo es, mi apreciado reflejo.

Vivía en un espejo yo atrapado,
en un gigante cristal reflejado,
en el cual, al mirar al otro lado,
podía siempre encontrar
a mi silueta desfigurada,
una irregular mancha reflejada.

Así era todo el tiempo:
una mancha de matices grises y blancos colores,
negros y ocres tonos menores.

Pero fue una tarde soleada, bajo un árbol de ramas gigantes,
de raíces fuertes y pequeñas hojas flotantes,
donde el gris de mi mundo en desastre,
adquirió poco a poco tonos más alegres y deslumbrantes.

No puedo descifrar como mi reflejo en mi mundo de espejos,
tomo forma, aunque no la mía para ser sinceros,
era diferente en todos sus ángulos
y a la ves tan similar en muchos de ellos.

Lo saludé. Le dije HOLA,
y lo invité a comer.

Fue un picnic como pocos había tenido antes,
y fue tan natural, tan normal, 
que me sentí a gusto con mi nuevo compañero.

Pero últimamente, mi reflejo en este espejo,
se ha difuminado notablemente,
ha desaparecido, prácticamente,
y eso me pone triste.

Me hace sentir impotente,
pues había acostumbrado mi mirada,
a su sombra reflejada en el cristal,
y mis oídos habían graduado los sonidos
que su voz emitía,
y la forma en como yo los oía.

Me había acostumbrado a su incondicional compañía.

Sabía siempre, que a pesar de la distancia,
a pesar de si el viento soplaba
o si la lluvia mojaba,
estarías sentado bajo ese árbol,
sonriendo y algunas veces aburrido,
tal vez un poco enojado o simplemente malhumorado.

Pero ahí estarías,
y tu simple compañía,
me reconfortaría,
tal vez alguna sonrisa me sacaría.

Extraño ver el mar al atardecer
mientras contábamos historias de nuestros diferentes amaneceres,
o de las aventuras en las galaxias,
y alguna que otra conquista
de doncellas o guerreras.

Recuerdo tu voz pesada y tu acento un tanto mal entonado,
igual cuando te sentabas a pensar e ignorabas al mundo,
como lo hago yo al relatar o al redactar.
Cuando voy una historia a contar.

O tu ridículo peinado de libro abierto,
que siempre me causaba gracia,
porque era, simplemente, algo tan al descubierto,
algo, de verdad, gracioso y jubiloso.

Recuerdo eso y muchas otras cosa de ti,
como si hubiese sido ayer que las vi,
como si el tiempo regresara en mi mente,
y se implantara ahí para mi mala suerte.

Hay tantas cosas que diría de ti,
como tu miedo a las agujas,
o tu transformación del asco por los jeans,
a tu enamoramiento por unos pantalones que decían "beans",
de tu obsesión por animales poco usuales,
y tu admiración por cosas mundanas y casuales.

Tantas, de verdad, tantas cosas...

Hoy solo me queda decirte:
te extraño reflejo.

Y espero que pronto pueda verte,
de nuevo reflejado en mi espejo.


lundërtar.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Quererte y odiarte.



A veces no entiendo tu pensar,
ni tu manera de hablar y mucho menos
tu estúpido y paralizado caminar.
A veces, simplemente tiendo a odiarte.

Y no es que lo haga a propósito,
pues la mayor parte del tiempo no es así,
ya que en ti se que tengo un inmenso depósito,
una fuga a mis cargas terrenales.

Pero es difícil comprenderte.
Es complicado entenderte.

Eres, literalmente, un cometa irreverente,
te escapas de mi vista por siglos,
y luego, de la nada, apareces cabalmente,
desenredas y destrozas de mi vista los complejos hilos.

Tu asquerosa y deslumbrante luz de estrella,
desorbita de mi mente mis molestias y mis más encarnadas penas.
Lo haces mucho mejor a como lo hace ella,
y eso me enfurece, me enloquece.
Me enoja, de verdad me enoja.

Porque se que a pesar de odiarte,
siempre tiendo a quererte.

Es complejo tu panorama.
Es un juego en toda mi negra y blanca gama.
Es como una gema cegadora, como lana, blanca lana.

Siempre tiendo a odiarte,
pero recaigo en quererte.

Siempre tiendo a olvidarte,
pero no puedo simplemente,
de mi descontrolada mente,
suprimirte y borrarte.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Un barco hacia el abismo.



Ahí va flotando, sobre estrellas y galaxias,
entre mares estelares, entre mundos, entre lunas,
entre nubes y sistemas solares.

Ahí va, un barco del espacio, una nave de madera:
flota entre la nada, de un lado a otro.
De aquí hacia allá, como una cuna.

Su rumbo: indefinido.
Persigue a los cometas, a los planetas.
A las estrellas fugaces.
A Cazadores Estelares.

Su capitán guarda en secreto su destino.

Se han escuchado rumores, algunos dicen,
otros cuentan. Todos comentan.
Dicen que el capitán se ha enamorado,
que su corazón ha sido atrapado.

Dicen que fue una doncella de piel canela,
una dama de piel  bronceada, como las sirenas
en el mar: aceituna y brillante es su piel.

Dicen que ella ha logrado capturar de sus ojos el brillo,
su alma tras su oscuras ventanas de cristal,
sus secretos escondidos tras una puerta de metal.

Dicen que ese Navegante, aquel capitán de aquel
barco espacial, no tiene un rumbo fijo.

Dicen que su bella amante, su sirena deslumbrante,
lo acompaña en este camino.

También dicen, muchos rumores se hablan en el universo,
que su mitad, su incondicional contraparte,
se haya perdida en el cosmos. 
Corriendo tras las estrellas,
tal vez jugando con algún comenta...

Los rumores vuelan en el vacío,
en el universo infinito, 
como cometas de papel mantenidos por el aire,
libres, sin cadenas...

El barco del Navegante, viaja sin rumbo,
hacia el vacío se dirige.

Hacia el abismo se encamina...

Libre como estrella.


lundërtar.

Alone.


He pensado mucho esto, tanto a pasado resguardado en mi mente,
he estado solo... a veces demasiado. Me he perdido en las galaxias,
y resguardado en los planetas... viajando de estrella a estrella. Un día
acá, y otro día allá. Siempre volando, nunca caminando. Nunca.......

Ayer fue distinto, creí ver tu silueta tras un cometa. Se que te gustan, si
lo sé. Son de tus cosas preferidas. Pero dudé que fueses tu. No se, tal
vez solo vi lo que deseaba ver: tu silueta. A ti, en realidad. Solo a ti. Si,
a ti...

Ayer fue diferente. Salté de sol en sol, persiguiendo una estrella fugaz, y
también jugué con trece lunas, y de ellas ahora tengo una. Esta me gustó,
mucho en realidad: es pequeña y azul. Como tus ojos, como tus mágicos
y grandiosos ojos cuando miras el cielo.

Pero todos son recuerdos. Cosas del ayer, cosas del pasado. Son eso mismo:
cosas, recuerdos. Memorias de tu y yo cuando eramos infinitos. Cuando las
horas eran eternas, y los días grandiosos. Las noches misteriosas y las tardes
 de las más gloriosas.

Ayer me sentí solo. Solo como una estrellas perdida. Como una galaxia que se
extravía, y no encuentra retorno a su origen. Así me sentí. Así te recordé. Así
fue como te extrañe. Entre sueños y delirios, bajo el cielo oscurecido, y con
mis amigas estelares, haciendo compañía de mi alma dolorida.

Para ti Navegante. Que tal vez estás perdido.

Para ti acompañante. Espero encuentres tu camino...

lundërtar.

Cicatrices.



Acumulo todo en mi ser.
Mi cuerpo es como una esponja:
se infla y se desinfla,
absorbe y elimina.
Recibe y al mismo tiempo expulsa.
Pero...
¿Qué es eso que me deja marca?
¿Qué es eso que me rasga el alma?
¿Acaso hay algo que me corrompa más que tu abandono?
No, no lo hay.
Eras parte de mi esencia, de mi propia decadencia.
Un átomo en mi multicolor existencia.
Un partícula en mi universo de estrellas,
eras ese aquel, ese quién...

No se que será de mi ahora,
no se cómo lidiar con este mundo en sombras,
sumido en la completa deshonra.

¿A dónde fuiste capitán de océanos?
¿Dónde escapaste aquella noche de Mayo?
Cuando la luna escondía su brillo,
y las estrellas alumbraban tu paso.

No se en dónde estas...
ya no se ni hacía donde vas.

Solo me queda de ti el recuerdo,
plasmado en mi piel,
como marcas talladas,
cicatrices marcadas.

Las cuales sobre mi piel permanecen,
como una linea danzante
la cuál, bajo del etéreo sonido del viento canta:
sublime y sutil,
como tu sonrisa...
aquella tarde de abril.

lundërtar.

domingo, 20 de octubre de 2013

Un mar desolado.



Las olas rugen con furor
y el viento desata todo su coraje,
el mar azota todo sobre él,
y bajo sus aguas el mundo tiembla.

Un barco en la deriva, se mece sin control
de vuelta e ida.
Un noble Navegante, intenta no perder su rumbo
tras el mástil y el turbante,
intenta controlar esa parte del mundo.

Las gotas caen como bolas de acido helado,
congelan y dejan todo desolado,
penetran y quebrantan la piel;
acosan con su aliento de hielo.

Las estrellas observan su rumbo y se apiadan de su alma,
los astros de la noche, miran al mar con reproche.
Siempre han confiado en él,
y ahora los traiciona.

Se mece como una mecedora,
y se agita como una batidora;
azota como látigo de fuego,
y lastima, te destruye hasta que, luego,
te deja derrumbado,
como césped en el prado.

Pero ese navegante, ese joven de estandarte;
valiente como león y fiel como serpiente,
ahora esta en la deriva,
en un mar que no tiene salida.

Mirando hacia sus flancos,
como si en ellos buscara algún blanco.
Algo que le dijera: ven hacia acá,
algo que le prometiera un lugar seguro.

Ahora no tiene salida,
perdido en un mar desolado.

Ahora está en la senda escondida,
viviendo como un derrotado soldado.


lundërtar.

martes, 8 de octubre de 2013

El Navegante que Naufragó.




Yo tenía un navegante
que en muchas maneras era mi contra-parte
con él salía en las noches de luna llena
a escuchar el canto de alguna bella sirena.
Recorríamos mares de estrellas
y explorábamos tierras bellas,
solía ver con él los cielos nocturnos
y divagar por horas, hasta el primer rayo diurno.
Pero ese navegante ha naufragado,
se ha perdido y no ha regresado.
Recorrí los océanos de galaxias
para buscar en ellos rastro de él
pero mis pistas eran falacias,
mentiras que yo mismo me creaba,
pues esperaba un día
encontrarlo al legar el alba.
Y volver a navegar esos mares estelares
y visitar de nuevo mundos particulares.
Pero el navegante ha naufragado,
mi contra-parte se ha evaporado...


lundërtar.

Como una estrella Fugaz.



Vives en el aire, como polvo estelar
que permanece en silencio y en silencio se va.
Como estrella fugaz, llegas un instante
bello y elegante.
Y te pierdes en el cosmos,
te fundes en las galaxias y desapareces.
Permaneces en la nada 
y regresas a tú origen.
Eres como una estrella fugaz,
vienes y te vas...


lundërtar.